¿Mujeres y Hombres tendremos las mismas consecuencias ante el consumo de drogas?
La sociedad educa y desarrolla los tipos de mujeres y hombres que requieren
para su subsistencia y reproducción.
Aprendemos a reír, llorar, expresar,
ocultar e incluso a “controlar” nuestras
emociones, sensaciones y sentimientos.
Nacemos con sexo y aprendemos a
internalizar y realizar actividades
propias de éste; apropiándonos de los atributos y la identidad
de género.
Pensamos, hablamos, actuamos e
interactuamos desde nuestra muy particular
perspectiva genérica; como hija o hijo; madre o padre;
pareja y delimitados o enmarcados por
las características propias de nuestra
profesión u ocupación.
De esta manera, el estereotipo de
género, lo que se considera femenino o
masculino, determinan nuestra existencia
y forma de vivir como cierto tipo de
hombre o cierta clase de mujer. También ésto influye en nuestra manera de enfermar
y en los patrones de consumo de
drogas.
Existen diferencias que muestran diferencias
en los patrones de consumo de drogas
entre los usuarios del género femenino y
masculino, así como factores de riesgo
asociados a éstos.
Las mujeres involucradas en las adicciones, sean consumidoras de
drogas o codependientes de un familiar usuario (esposo, hijo, hermano
o padre), son receptoras de violencia, siendo su agresor el hombre, generalmente
un familiar; a su vez, esta violencia es reproducida en escala
hacia los hijos.
La diferencia de poderes en las familias y las sociedades, basada en
estereotipos culturales que establecen diferencias de género, legitima
culturalmente la violencia ejercida por los hombres, dado que las estructuras
familiares patrialcales definen lazos jerárquicos que presuponen
el derecho de influir sobre los que tienen menos poder, como son las
mujeres, las niñas y los niños.
Existe una alta relación entre la violencia familiar y las adicciones,
en estudios realizados por CIJ se ha encontrado que las niñas maltratadas
o con abuso sexual, al llegar a la adolescencia presentan cuadros de
dependencia a sustancias adictivas, la baja autoestima y depresión concomitante
constituyen una situación de riesgo para el consumo.
El diseño de programas curativos acordes con las características de patrones
de consumo en mujeres y hombres, con perspectiva de género, es
una tarea prioritaria dentro de los servicios de salud, las mujeres corren más riesgo de sufrir una violación, rechazo familiar, o embarazo, por causa del abuso de sustancias.



















